Desaparición’ de productos, primera consecuencia del tope de precios establecido por el Gobierno

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A pocos días después de la entrada en vigor de las nuevas disposiciones sobre precios máximos para viandas, hortalizas, frutas y granos que se venden mercados agropecuarios bajo control estatal, al visitar 12 unidades en las barriadas de Centro Habana, tres tenían cerradas sus áreas de venta agrícola, siete ofertaban escasos productos, en tanto solamente los establecimientos del parque Trillo y de la calle Subirana mostraban una oferta variada aceptable.

Es difícil obtener testimonios cuando los implicados violan a conciencia las reglas del sistema que les emplea. No obstante, la perseverancia, junto a una cuota de sensibilidad, da frutos.

“Estamos cerrados porque el personal se fue de vacaciones”, dijo con ironía una señora encargada de vender jugos y algunas frutas pasadas de maduración en uno de los sitios visitados.

“Señor, ¿qué usted desea?”, preguntó un vendedor en un establecimiento que parecía tener solo boniatos a la venta. “Si quiere algo así como ajos, cebollas…, tengo en el almacén”, añadió.

“Es que pagamos dinero por la mayoría de la oferta, ahora fijaron precios y, si vendemos por los nuevos precios, perdemos, además de no poder justificar el origen de las mercancías”, aclaró.

De hecho, la enorme red estatal —en La Habana abarca 332 agromercados— se abastece a escondidas de los mismos vilipendiados intermediarios que surten los mercados de libre oferta-demanda, lugares eximidos de cumplir las nuevas resoluciones del Ministerio de Finanzas y Precios.

La placita supuestamente atendida por la Cooperativa de Créditos y Servicios Fructuoso Rodríguez en Belascoaín y Benjumeda, días atrás ofertaba coles, piñas, guayabas, malangas, boniatos, limones, yucas… este jueves solo tenía rastrojos de malanga y boniato incomibles, conocidos como rabujas.

Similares rabujas constituían el único surtido en siete mercados visitados entre el miércoles y el jueves, el contraste elocuente se presenta en la unidad El Arbolito, bajo la administración de la Empresa Provincial de Comercio de La Habana.

Llamado Complejo Comercial, cuenta con cinco espacios estatales, entre ellos uno agrícola, donde aparte de las calabazas, solo había rabujas.

Sin embargo, dada la amplitud del lugar, había tres tarimas rentadas a vendedores independientes. Estos exhibían cebollas hermosas, plátanos amarillos listos para la sartén, coles frescas, boniatos y malangas de buena calidad, por supuesto, todo muy por encima de las cifras topadas de la actual implementación ministerial.

Quedan las excepciones que, según el sabio refrán, confirman la regla: los mencionados mercados con ofertas aceptables, especialmente el de Subirana, en la barriada Pueblo Nuevo, que amaneció el jueves con al menos 16 productos agrícolas, además de la papa recién llegada, motivo de aglomeración de público.

Es habitual en nuestro llamado socialismo el “priorizar” cuando resulta imposible generalizar. Se crean vitrinas donde el pueblo aprecia las bondades del sistema, esperando que un día se hagan realidad en todas partes.

La noche anterior surgieron comentarios en las afueras del colindante bar Subirana, ahora cooperativa:

“Este mercado es de los mejores, más o menos se mantiene con buena oferta”.

“Una golondrina no hace primavera, vete a los otros y verás que casi nada tienen para vender desde ayer”.

“Por esta experiencia hemos pasado dos y tres veces. ¿Recuerdan la redada contra los macetas, cuando abrieron por primera vez los mercados libres en los años 80? Terminó con la operación del MININT ‘Pitirre en el alambre’, Fidel en persona liquidó aquellos mercados”.

Granma citó el miércoles a Enel Espinosa Hernández, director agrícola del MINAGRI, quien dijo tener contratado el 49% de la producción en el país. Dadas las crónicas carencias, junto al crecimiento de clientes poderosos como el sector del turismo, los restaurantes privados, junto a las obligaciones reclamadas por entidades estatales, no parece suficiente la cifra.

Al intentar barrer a los estigmatizados intermediarios, el Estado asume la total responsabilidad del abastecimiento de los mercados agropecuarios. La mayoría de los placeros están a la espera porque sus antiguas ganancias diarias de momento han desaparecido.

Poniendo el parche de antemano, Granma no tuvo otro remedio que prevenir el posible “síndrome de la ‘escoba nueva’, que solo funciona al inicio y luego los viejos problemas regresan a sus puestos de siempre”.

Fuente:Diario de Cuba

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